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Confesiones/crónicas de un internauta asombrado.

7. marzo 2010 21:06
by Gunner
1 Comentarios

¿Merecen la pena?

7. marzo 2010 21:06 by Gunner | 1 Comentarios

 
 
 
Aquí debería colocar mi habitual introducción insustancial al artículo de la semana, pero como ando corto de tiempo, y en mi cabeza solo habita un único pensamiento, voy a ponerme a escribir con la esperanza de que algo constructivo brote de mi teclado. Aventúrense pues en la lectura de este post de incierto final, mis fieles lectores.

Reconozco que a veces la impericia en el arte del cortejo afecta tanto a hombres como a mujeres, pero si bien es cierto que está claramente demostrado que el juego de la seducción la mujer es la que lleva la voz cantante, no es menos cierto que finalmente un hombre será el que acabe gozando de las mieles ocultas del cuerpo de esa misma mujer.

Pero...

¿Y si finalmente el producto ofrecido por esa Dama no merece el esfuerzo dedicado a su conquista? A lo largo de la historia los hombres han conquistado a las mujeres más hermosas, para luego descubrir que tras una atractiva fachada se ocultaba un cuerpo frío y carente de atractivo.

Hablo de mujeres hermosas, pero el concepto de hermosura que yo tengo no se circunscribe al aspecto físico de la palabra, es decir a unos pechos abundantes de blanca lechosidad que prometen pezones turgentes, sabrosos y llenos de miel, a unas caderas de sinuosa simetría en las que apoyarnos firmemente durante el acto amatorio para apretarlas contra nosotros en los momentos de genitalidad, a unas piernas kilométricas y depiladas que nos abracen y den calor al rozarnos contra ellas, a unos labios rotundos y rojos que enjuguen los nuestros con la saliva de la pasión, etcétera. Me refiero a la hermosura propia de lo que denomino como Armonía Subjetiva, que no solo está en un cuerpo agraciado, sinó en una mente y posos a la altura de nuestras espectativas.

No nos engañemos, todos creemos ser el culmen del mundo, los hombre por su presunta (mientras no se demuestre lo contrario) habilidad en el manejo de su falo, y su control del lenguaje del erotismo, pero ¿y las mujeres?, ¿acaso creen que sus gemidos y su clímax, a veces fingido, son suficiente motivo para que el hombre, que disfruta haciendo disfrutar, se de por satisfecho tras el resultado en el desempeño de un trabajo bien realizado?

Una de las ventajas de ser hombre es que en las ocasiones en las que tenemos la suerte de tener entre nuestros brazos a una mujer especial es que, realmente sabemos apreciar su aroma, su textura, su color, y hasta los residuos de la copa en la que nos la bebemos. Y además, no nos duelen prendas el hacérselo saber, de manera que la Dama que nos ha permitido saborear esa ambrosia que solo algunas diosas entregaban en el mundo mitológico clásico a mortales escogidos (fruto de los cuales nacieron personajes como Prometeo, Atlas, Ulises, y Aquiles) sepa claramente que hemos tenido el privilegio de gozar de una experiencia que para un hombre trasciende ciertamente de lo puramente anecdótico, para convertirse en un recuerdo (o puede que más) digno de ser almacenado en nuestra repleta memoria, que permanecerá imborrable en lo más profundo de nuestro ser, y que será referencia ineludible a la hora de juzgar a otras Damas.

No soy el más indicado para hablar de estos temas, puesto que filósofos, escritores, y tenorios de mas renombre ya lo han abordado antes que yo, pero si tengo claro que las Damas que han sido objeto de mis atenciones no lo han sido (ni lo serán) por su buena apariencia y desempeño en las dotes de su condición de mujer, sino por ese algo complementario que Platón describió en sus Diálogos:  

“El amor anhela siempre lo bello y lo bueno y, por tanto, no es ninguno de éstos sino algo intermedio entre lo bello y lo bueno”

Y ciertamente a veces bello y bueno (ambos en el amplio concepto de los términos) no vienen siempre unidos en una misma mujer, aunque ellas se empeñen en hacerlo parecer. Aunque cuando he encontrado esas dos excepcionales cualidades reunidas en una Dama, OOOHHHHHHHHHHHHHHH Caballeros, OOOHHH. Tiembla mundo!!!
 
Estoy releyendo el post, y me da la impresión de que lo dicho es perfectamente aplicable si cambiamos el género de los implicados, ¿no creen?
 
Un saludo, Damas y Caballeros.
 
P.d.: Ah, que no se me olvide, mañana es el día de la mujer, y a pesar de lo que pueda parecer por el contenido de mi post (que no es más que un poco de CAAAÑAAA) no puedo dejar de darles mis más sinceras felicitaciones, ellas lo merecen!!!
Surprised
 

28. febrero 2010 14:30
by Gunner
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Terremotos.

28. febrero 2010 14:30 by Gunner | 0 Comentarios

 

 

Hola de nuevo, mis fieles lectores. Esta semana he tenido poco tiempo para dedicarlo a ustedes, pero no quería faltar a mi cita y aquí me tienen para tratar un nuevo tema. Esta vez con la intención de hacerles reaccionar frente a los designios de la naturaleza.
 
No acabamos de reponernos aún del terrible terremoto que asoló Haití el pasado 12 de enero de 2010, cuando ayer, sábado 27 de febrero, otro seísmo de 8.8 grados ha sacudido las tierras de Chile. Siempre ocurre con alevosía y nocturnidad, y ahora mismo, a medida que van saliendo a la luz los daños causados, me estoy sintiendo sobrecogido.
 
Sabrán, o sinó yo les ilustro, que cuando Martin Niemöller publicó su poema “Cuando los nazis vinieron por los comunistas”, hablaba de una terrible catástrofe que asolaba el mundo en aquella época, el fascismo, de los que a estas alturas pocos de ustedes no tendrán clara idea acerca de sus consecuencias.
 
       
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
       

Véanlo ahora desde mi punto de vista:

       
Cuando un terremoto asoló Haití
Guardé silencio y no ayudé.
Porque yo no vivía en Haití.

Cuando un seismo sacudió Chile
Guardé silencio y no ayudé.
Porque yo no vivía en Chile.

…. (y otras tantas catástrofes)

Y ahora cuando una catástrofe me golpeó
no había nadie más que pudiera ayudar.

       

 

¿Entienden la evidente metáfora?, ¿qué, como se han quedado? Pues entonces hagan algo cojones, o seguiré dandoles CAAAÑAAA hasta que reaccionen.
 
Tras un terremoto que reduce a escombros lo material, se abre un nuevo comienzo en el que el hombre ha de demostrar que es humano. Seguró que entre todos ayudaremos recorriendo un camino en el que la colaboración humanitaria, la ayuda internacional, y la buena voluntad de los pueblos, al menos ayuden a paliar las desgracias de los damnificados. Yo ya estoy poniendo mi granito de arena con esta arenga, ustedes... muévanse, joer!!!
 
Un saludo, Damas y Caballeros.
Undecided