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Confesiones/crónicas de un internauta asombrado.

14. abril 2013 06:53
by Gunner
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Relato: Sombras de martir.

14. abril 2013 06:53 by Gunner | 0 Comentarios

Violencia, sangre, muerte, traición, envidia... Decía Mahatma Ghandi que "La violencia es el miedo a los ideales de los demás"...  ¿Lo es? o simplemente consecuencia de la rabia, la frustración o producto de la tensión contenida... Disculpenme, han sido unos día muy duros mis leales leyentes, en esta atormentada noche me he puesto a escribir y me ha salido esto:

     

Allí se encontraba aturdido, aún conservaba en su mano la daga con la que ferozmente se había enfrentado a la guardia personal del Cadí. Eran seis hombres de mediana estatura, puede que incluso uno de ellos fuese mujer, y aunque no supo reconocer a ninguno de ellos, algo le decía que detrás de esos rostros cubiertos se ocultaba alguna de las caras con las que acababa de compartir pastelillos árabes en la jaima del gobernante de la ciudad a la que acababa de llegar.

Dos de ellos llevaban cosidos en la casaca una media luna inclinada a la derecha y con el arco superior adornado por una estrella de cuatro puntas verdes, casi sin duda se trataba de los miembros de la guardia personal del cadí. No debió creer que mi persona fuese a resultarles un visitante demasiado incomodo a sus entrenados secuaces puesto que la insignia cuadrada bordada en azul que identificaba al resto de los miembros del grupo indicaba que se trataba de guerreros de tropa.

-    Pero qué clase de hombre es Shamir. Recibe a un mensajero de dios y lo ataca por sorpresa enviando el Pacto de las Ciudades al infierno. – pensé mientras observaba como se desprendían de sus capas justo antes de iniciar su ataque.

El  más alto y fornido de los miembros de la guardia miro rápidamente a su compañero para decirle algo que no llegue a entender  - usaban un dialecto que apenas reconocía, supuse que de la provincia sur de la región de las dunas pues apenas había visitado la zona el tiempo suficiente para aprenderlo - Fuese lo que fuese que dijo, obtuvo como respuesta una clara mueca de ironía y un gesto con la mano que parecía sugerirle en tono burlesco:

-    Venga chulo todo tuyo… a ver si eres tan bueno como dices. Vamos a divertirnos un rato.

Decidió  atacar el primero. Aquel bulto que sobresalía de su capa y que estaba cubierto de una tela basta de grueso esparto trenzado en forma de redecilla tupida, resultó proteger la hoja de una gran cimitarra. Mientras la extraía de su funda me fijé en que el metal de la hoja apenas si se encontraba gastado, la impoluta limpieza del mango me hizo pensar que debía desenvainarla con poca frecuencia por lo que supuse que no iba a ser un rival demasiado difícil.

Se dirigió hacia mí de frente, sin miedo, cargando frontalmente con la cimitarra asida fuertemente apuntando hacia atrás con intención de blandirla en un rápido movimiento de barrido para cortarme por la mitad en un gesto típico del que siega el trigo en los campos de cultivo en otoño.

-    Debió ser agricultor antes de ser reclutado para servir a su señor.  – Pensé, imaginando un inmenso campo de trigo dorado barrido por una suave brisa al atardecer.

Diez metros de carrera lo separaban de mí. Me encontraba en clara ventaja táctica pues la calle empedrada donde me habían abordado subía ligeramente hacia la mezquita a donde me dirigía. Me apreste a recibir la embestida del lacayo enfurecido.

-    ¿Cuántas vidas he de segar, oh Alá? Juré defender la sabiduría de los hombres desde la fuerza de la palabra, me eduqué para la paz, para el diálogo y para la defensa de la verdad, pero como me has conducido por este camino, ¿acaso no es él tan merecedor de un futuro, como aquellos a los que me envías a defender? – No obtuve respuesta, ni una señal, nada. 

Las sombras del olivo que crecía en la esquina de la calle me tapaban la cara y mi propia sombra alargada aparecía envuelta de los brazos vegetales de las ramas del árbol. Justo cuando el lacayo pisó la sombra del árbol eché mano rápidamente a la daga plateada con el mango envuelto en tensa seda roja que, algo grasienta del sudor absorbido, tenía alojada en mi cintura junto al saquito con el amuleto sagrado, el pergamino del tratado y las 30 monedas. La cogí con la mano derecha y extendiendo la izquierda hacia adelante para tomar impulso, la lancé con precisión apuntando al cuello del salvaje atacante. La seguí con la mirada en su lento vuelo hacia el cuerpo de aquel hombre y me dije:

-    Ahí va tu destino. Ojalá tu muerte sea recompensada justamente en el cielo que tu religión promete a los que muren en combate, pues te lanzas a ello sin dudar, con valor, y sin saber que el enemigo al que te enfrentas tiene sellado tu futuro.

Cuando su vuelo llegó a unos centímetros del cuello cerré los ojos. Ya había visto demasiadas veces la cara de sorpresa y de espanto de quien pierde su vida en un instante. El color de la sangre a veces se muestra tan intenso que su brillo permanece en la retina aun cuando apartas la mirada para evitar que te salpique.
Escuché el sonido del metal penetrando en su carne y seccionándole el cuello. Intentó gemir de dolor inútilmente, le había cortado las cuerdas vocales, y lo escuché caer abatido con un golpe seco de su mano derecha en el suelo en un vano intento de proteger su cara de la caída mientras con la izquierda trataba inútilmente de cerrarse el profundo corte por el que la vida se le escapaba en segundos.

Vi como al instante el resto de los miembros del grupo se miraron entre si, incrédulos, al contemplar la cruel limpieza con que uno de sus compañeros había sido abatido rápidamente por un desconocido al que a priori habían juzgado como presa fácil.

-    ¿Quizá el hombre que los envío a buscarme no les apercibió adecuadamente del historial de su objetivo? ¿O acaso pensaba que quizá yo fuese un impostor y no la persona que decía ser? 

Enjuto, de tez blanquecina, así era el segundo atacante. Probablemente de la zona montañosa al oeste del valle de Eshanir, donde las escarpadas montañas y el desierto una vez compartieron la insólita presencia de un riachuelo que bañaba de plata, al ocaso, a los pocos hombres que aventuraban sus cuerpos de seca constitución por las sinuosas gargantas de las montañas que lo unían al resto de reino. De esa zona debía ser, tenía entendido que las tribus criadas allí habían aprendido a defenderse de las periódicas razias con que los camelleros y otros viajeros agasajaban a los moradores de sus poblados en busca de alimentos y provisiones usando una técnica poco común de defensa: Un pesado guijarro de piedra negra de las montañas perforado en el centro, atravesado por una cuerda de casi dos varas de longitud, elaborada con fibras de fino cáñamo trenzado, taponada en ambos extremos con sendas piezas de colmillo de jabalí, afilado a modo de cortantes navajas.

Me miró de abajo a arriba, estudiándome. Ya no cabía sorpresa posible, había visto perfectamente como me deshacía con facilidad del primero de los atacantes. No veía en su cara ningún rictus de venganza por el la muerte de su compañero, por lo que durante un momento llegue a pensar que ellos eran simples compañeros de armas como otros de tantos con los que habrían compartido destino, pero sin más implicación que la mera camaradería profesional.

Se separó tres cortos pasos de los otros cuatro integrantes del equipo, y comenzó a desliar la cuerda que, colocada alrededor de su torso, lo rodeaba de espalda a pecho en forma de cruz. La maza central estaba decorada con pinturas geométricas de color amarillo y verde oliva.
Flexionó sus piernas y las separó arqueándolas perpendicularmente a mí, a la vez que doblaba la cuerda a la mitad de su longitud y estirándola sujetó con una mano ambos dientes de jabalí y con la otra la pesada maza. Giró rápidamente cadera y, a modo de resorte, ayudándose con el resto del cuerpo imprimió gran velocidad a la pesada pieza central, que salió disparada en mi dirección. Apenas me dio tiempo a agachar levemente la cabeza lo justo para que por unos centímetros me librase del fuerte impacto que me hubiese destrozado el cráneo, aunque no lo suficiente para evitar que durante el retroceso el afilado diente de marfil consiguiese enganchar el hombro de mi camisa rasgándome fácilmente la tela.

-    Falló. ¿Que te pasa? Es solo una cuerda y una piedra. No te dejes distraer por tan sencilla apariencia. Es un arma simple y previsible, pero un arma a fin de cuentas, destinada a segar vidas.  – Pensé. Estaba cansado, y el calor y la fatiga comenzaban a hacer mella en mi capacidad de concentración.

Lo intentó una segunda vez, el mismo movimiento circular de cadera y el rápido disparo de la maza, retenida en último extremo por el tope de diente de jabalí, pero ahora apuntando al torso. Ésta vez en cambio intenté atraparla sujetando  firmemente la cuerda con ambas manos.

-    Error, imbécil, ¿Cómo se te ha escapado?  – Llegue a decirme en voz baja. Noté como se me escurría sin más de entre las manos por culpa de una maloliente película de grasa de camello con que estaban untadas tanto cuerda como maza central.

      

No se... creo que hay tema para toda una novela, definir el argumento, la ubicación geográfico/político\temporal, la lucha de poder, el mensaje, el pacto de ciudades, la personalidad del protagonista, la de su contrario Shamir, el combate con el resto, la Dama (siemmmpre hay una dama) pero sinceramente... no me gusta vivir del rencor, con rencor, del miedo, con miedo.

Ummm... definitivamente no... No temo los ideales de los demas, pero desde luego no soporto la intolerancia. Prefiero la poesía, la belleza, la libertad, las flores... y como no: Los besos.

Un saludo, Damas y Caballeros.

P.d.: Por cierto, no le he dado nombre al protagonista. Cual me sugieren ustedes???

Yell

3. diciembre 2012 18:00
by Gunner
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Relato: Desierto de Rojo y Azul!!!

3. diciembre 2012 18:00 by Gunner | 2 Comentarios

¿Saben que es un negro, verdad? Si, acertaron nuevamente mis intelectables lectores, un escritor por encargo. Cada vez aumenta más mi convencimiento de que estoy convirtiéndome en eso y no sé si me gusta o no. Vuelvo a trabajar por comida como ya saben (en este caso una sutil variante que se amolda al concepto de "pulpo como animal de compañía"). Es curioso cómo se gesta un relato, cómo un trivial apunte da lugar a una historia, y como lo que pretendía al escribir acaba bifurcándose en tres historias de amor encadenadas.

No los entretengo más, pasen y lean por favor.

     

Ella lo miraba trabajar, mientras él, de manera precisa, con dedos de cirujano operaba el dispositivo que había venido a reparar.

El, absorto en sus pensamientos, intentaba olvidar, solo pretendía olvidar. ¿El trabajo? pura rutina, una mera y compleja distracción para su atribulado pensamiento. Concentrado, con la dedicación con la que los antiguos artesanos se esmeraban en engarzar los engranajes de los viejos relojes, buscaba que el mecanismo de marcase los segundos, minutos y horas con la misma exactitud que la frontera entre el presente, el pasado y el futuro.

Lo miraba trabajar, y él, absorto, no se daba cuenta que la joven Dama, esbelta, de cabello rizado, labios silueteados de rojo carmín y finamente vestida, hacía algo más que esperar. Le miraba los dedos, lo miraba esperar el giro de las ruedas dentadas, lo miraba tomar referencias con el cronómetro de precisión francés de sólida caja metálica que llevaba siempre consigo, y esperaba que él le devolviese la mirada.

Él, activó el cronómetro de referencia y comenzó a esperar la sincronización de los mecanismos del dispositivo que acababa de ajustar. Mientras tanto, sin atreverse a molestar, observó en un cubilete sobre el escritorio de la Dama uno de esos lápices bicolores que siempre le habían atraído. Una mitad Roja y la otra mitad Azul, la punta azul aún afilada y la roja apenas sin gastar. Y se atrevió a preguntarle:

-    ¿Sabes cómo se llaman estos lápices? Siempre me han gustado pero nunca he sabido cuál era su denominación correcta.

Ella, sacándolo del cubilete pausadamente con sus delgadas manos blancas y con voz suavemente aguda, casi con la musicalidad del piar de un pajarillo, le respondió:

-    Yo siempre los he conocido como Lápices de carpintero.

-    Ah, vaya no lo sabía – E ingenuamente se volvió para seguir verificando las referencias del cronómetro.

Poco había durado su conversación, así que ella como distracción decidió tomar un papel en blanco y dibujar.

Las dunas en Rojo, un desierto de arena roja, azotado por un viento transparente imaginario, que arrastraba los granos de arena roja sobre el blanco lienzo de papel, desgastando lentamente la punta roja del lápiz de carpintero.

Hasta ese momento solo había usado el color rojo, y pensó: 

-    Voy a pintar ahora un beduino y su camello, en Azul.

Apoyó la punta azul sobre la roja arena del desierto y comenzó torpemente a trazar la silueta de un hombre que, luchando contra el viento, atravesaba las sinuosas dunas alejándose de un pasado de donde solo él quería escapar.

Pero algo largamente ansiado por fin se despertó en el lápiz de carpintero.

Siempre había estado en calma en su cubilete, inerte, inerme, impoluto, la mina roja, rojo pasión, había siempre observado desde la distancia a la mina azul, de un dulce azul bello e intenso. El rojo, como un color enamorado, siempre había querido tocar a la mina azul. Siempre cerca, casi rozándose, pero nunca lo había conseguido, y sin embargo ahora, al sentirla resbalar sobre el rojo de su arena, al notar su textura, al escuchar el sonido del roce de su azulada piel sobre el rojo calor de su superficie, al fundir sus pigmentos, supo que siempre habían estado destinados a encontrarse. Y aunque fuese en ese desierto azotado por el viento imaginario, comprendió que ya siempre la silueta del beduino azulado permanecería eternamente impresa sobre la roja arena de su roja sangre…

      

¿Qué?  Impresionados, ¿no? Así me he quedado al releerlo. He de añadir una cosa antes de despedirme de ustedes por esta ocasión. La historia sigue, les suceden más cosas a nuestros personajes y, como la vida, fluye el relato. ¿Alguno de ustedes tiene interés en saber cómo continua? Pregunten pues.

Un saludo, Damas y Caballeros!!!

P.d.: Disculpen la tardanza, lo tenía escrito desde días pero hasta ahora mismo, que por fin me he tenido un rato tranquilo, no he podido subirlo. Procuraré que no vuelva a ocurrir, gracias.

Cool