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Confesiones/crónicas de un internauta asombrado.

14. marzo 2021 11:33
by Gunner
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Relato: Hoyo 5.

14. marzo 2021 11:33 by Gunner | 0 Comentarios

Es increíble cómo pasa factura el tiempo de sedentarismo. Si, anhelados lectores, estoy muy mosqueado… mucho… me explico. El Golf es un deporte que me relaja sobremanera, disfruto de su calma inherente, cada golpe, y de cada recorrido… y no se me da mal. Pero hace unos días…

Entre el frío del otoño/invierno, los diversos confinamientos y el teletrabajo, llevaba meses sin practicar y estaba deseando que llegase el buen tiempo para salir de nuevo al campo de golf. Lo cierto es que llegué con muchas ganas, seguro, confiado en mí y deseando retomar el deporte. Sabía que después de tanto tiempo los primeros golpes iban a ser algo rígidos, pero que tras unas pocas repeticiones iría todo tan fluido como siempre. La realidad fue bien distinta… Rigidez en los brazos, rigidez en el torso, swings tensos, mal tino en el golpe… no daba una a derechas.

Ufff, qué mal… contento de estar allí, pero bastante molesto por verme tan “oxidado”. Así pues, en vez de seguir intentándolo, opté por relajarme... relajarme mirando al verde. Me senté plácidamente un rato en un banco de la zona de prácticas, apoyé la espalda cómodamente en el respaldo, estiré las piernas y... a distraer la mente!!!

Lo que van a leer a continuación es fruto de ese momento de relax y de esas locas ideas que van y vienen por mi imaginación.

   

Prólogo.

Me llamo Eduard Hood, detective jubilado. Me he sentado aquí a la sombra tranquilamente a descansar.

- No... hoy no es mi día.

Estoy pensando cómo narices me dio a mí por practicar este estúpido deporte. Yo, que jamás me había acercado a un campo de golf.

¡Ah, ya lo recuerdo!… Si no hubiese sido por ese maldito último caso por resolver, quizá estaría ahora sentado en una playa tomando un delicioso Daiquiri en vez de sudando y con agujetas por todas partes.

Esas dos malditas jóvenes damas, dándoselas de snob...

Hoyo 5

Entregolpes, par 4, salida azul, 314 metros de puro infinito. Ellas se situaron en el Tee junto a las marcas que delimitaban el punto de salida.

- ¿Viste? Increíble, allí está Michael - Dijo Emily

- Siempre ha sido un hombre elegante. Muy a su manera, pero elegante…

- ¿Buen conversador, Ellen?

El césped, muy tupido con la hierba de apenas centímetro y medio de longitud y cortada con mucho mimo, aún tenía impresas las huellas de las pisadas de la pareja que había salido de ese hoyo minutos antes.

- No, Emily, eso no… siempre se guardaba sus pensamientos y eso me exasperaba. Tenía que esperar a que él mismo decidiese contarme qué le preocupaba. Solo entonces era capaz de pararse a explicarse y hacerme entender qué le pasaba por la cabeza o el porqué de sus comportamientos... Quizá estaba cansado de mi o de mis intentos para tratar de influirle, a mi manera, e intentar corregir su forma de ser… Además… esas copas que tomaba todos los días… ¿Quién sabe?  -  Ellen sabía que su insinuación era exagerada, nunca fue un borracho, pero tenía que callarla como fuese. La estaba distrayendo.

Ellen por un momento pensó en la falta de consideración y respeto de la pareja anterior, que acaba de jugar ese mismo hoyo, por su manera de pisotear el campo. Ella jamás hubiese consentido que nadie la acusase de esa "falta de etiqueta". Su prestigio por encima de todo.

- Entiendo lo que dices, a algunos hombres beber los vuelve in-so-por-ta-bles, y creerme, sé de lo que hablo. Desde luego ahora... parece todo lo contrario, lleva un rato conversando alegremente con el Caddy Máster, da la impresión de que ambos bromean afablemente... casi a carcajadas... ¿quizá acerca del recorrido del campo?… Mira, parece que señala la zona de entrenos. Fíjate creo que hablan de la distribución de las sombras gracias a las cubiertas de los Tee de prácticas.

- Anda Emily, deja de mirarlo. Parece que no nos ha visto y quiero jugar tranquila este hoyo. Todo lo malo que me pasó entonces fue por culpa suya y ahora tan solo quiero concentrarme en mi swing.

- Ya... entonces ¿cómo llegaste a pensar que fue culpa suya?

Emily, se ajustaba su faldita negra, corta, con bandas color pistacho, y cerraba un poco más la cremallera de su camiseta de manga larga ceñida, blanca y pistacho de dos tonos, a juego con la falda. Había visto el modelito lucido por una famosa jugadora de golf y pensó que a ella le iba a sentar igual de bien. No se equivocaba, pero lo ajustado del escote, la hacía sentirse falsamente incómoda. Blanco de las miradas de los demás.

- Tenía su forma de ver la vida, y nunca culpaba a nadie de lo que le pasaba, pero creo que él era su peor enemigo. Decía que nunca obligaba a nadie a hacer nada que no quisiese, pero que tampoco iba a consentir a nadie que le obligasen a hacer algo que no querría hacer.

- Y eso te hizo alejarte de él.

El día era algo ventoso, soplaba poniente, y el sol del atardecer empezaba a dificultar estimar la distancia al Green. Ellen se caló la gorra para que la visera le protegiese del sol y así poder calcular bien el golpe. Mientras Emily solo pensaba en que se estaba despeinando e iba a tener que repasarse el pelo cuando terminasen el recorrido antes de concluir la jornada en restaurante del club deportivo.

- No podía estar con mi propio espejo… o al menos eso decía mi psicóloga. Ella llegó a decirme que, en su opinión y por lo que le había contado en las sesiones de terapia, lo que no me gustaba de él es lo que no me gustaba de mí misma. Llegó a decirme que éramos demasiado iguales.

- ¿Eso es malo?... ¿que seamos tan parecidos? Para mí que es todo lo contrario, alguien que me entienda, que sepa lo que necesito. Si es como dices, seguro que comprendía mis momentos y me daba mis espacios...¡Que no me obligue a nada! Que me hable cuando tenga algo interesante o importante que decir y no me llene la cabeza de palabras vacías. ¿Tú crees que cuando bebía…?

- Emily, ¡por favor!

Verde por todas partes, para ellas caminar por las calles del campo de golf era un símbolo de su estatus. Eran de las pocas privilegiadas que en una ciudad tan árida y calurosa sabían que tenían el placer de disponer de un lugar exclusivo donde relajar su vista y sus oídos de la saturación de la gran ciudad. Sus motivos eran bien diferentes, pero a ambas las habían conducido al mismo deporte. Una, por su incesante competitividad, buscaba un deporte que, de manera calmada, pero requiriendo la adecuada dosis de concentración y precisión de la que siempre presumía, le supusiera un reto personal. La otra, buscaba un deporte a la altura de sus expectativas, un lugar selecto, de caché y donde relacionarse con la "Crème" de la sociedad y de camino cazar a algún rico empresario.

- Disculpa Ellen, no quería ofenderte… solo estaba hablando en voz alta. Bueno, pero seguro que al menos te correspondería durante el camino que anduvisteis juntos. Te necesitaría, como casi todos los hombres, para que le organizases la vida, ¿no?

- ¿Necesitarme? … ¿Espacio?… Demasiado espacio… No, no me necesitaba para nada, decía que le encantaba pasar el tiempo conmigo y así lo parecía, pero cuando estaba lejos no era el típico hombre que te llamaba para contar lo que estaba haciendo, a pesar de que me desvivía por saberlo, por ver cómo se encontraba o si me echaba de menos. Cortaba la comunicación, como si le gustase estar solo.

Se acercaban a la mitad del recorrido, y evidentemente no les iba a dar tiempo a terminar los hoyos antes de anochecer. A lo lejos, en el comedor social se apreciaba el movimiento de los camareros preparando las mesas del comedor. Querían aprovechar para cenar en el club social. Servilleta a la izquierda, a su lado tenedor de ensalada, tenedor de pescado, tenedor de carne. En el centro bajoplato, plato de servicio y plato de pan. A su derecha cuchillo de pescado, cuchillo de ensalada y cuchara. Delante plato de pan, cuchillo de untar y cubiertos para postre y a su lado copa de agua, copa de tinto, y copa de blanco. Todo como debía estar.

- No, Ellen, Michael no parece un hombre de los que le gusta estar solo ni tampoco fácil de manipular. ¿No sería que se enfundaba en la máscara de autosuficiencia, para no parecer débil?

- Nada de máscaras, y desde luego muy firme cuando estaba convencido de algo… a pesar de que yo llevase la razón.

-Uhhh, tú siempre llevas la razón, ja, ja, ja… - Rió Emily malévolamente.

Para el primer golpe de Emily usó una madera 5, un palo de calle algo más permisivo y fácil de usar que los hierros largos. El golpe le resultó centrado en la calle, pero corto, aunque dio un saltito de alegría por haberlo dejado medianamente bien colocado. Ellen en cambio calculo que usando un hierro largo 4 podría imprimirle más velocidad y precisión al golpe asegurándose poner la bola al borde del lago justo para saltarlo en el siguiente golpe. Así fue, a 5 metros del borde del obstáculo.

- Buen golpe Emily, quizá el swing podrías corregirlo un poco, pero muy correcto. El próximo intenta hacerlo como el mío que lo he dejado justo donde quería. Corre que nos pisa el hoyo la pareja que nos sigue.

- Ufff, que prisas… con lo que pesa el carrito de golf... ¿Y quién jugaba mejor? ¿Tú o Michael?

Mientras caminaban hacia la posición de sus respectivas bolas, el sol tocando ya la línea del horizonte teñía el cielo de color crema. El arbolado, acariciado por la brisa del atardecer, producía una especie de susurro que hacía parecer la calle del hoyo 5 lugar un paradisíaco en el que detenerse a sentir el mundo hasta que se hiciese la noche. La mera posibilidad de disfrutar de tranquilidad del recinto frente a lo agitado y acelerado en la vida en la urbe, del amplio verde del césped exquisitamente cortado frente al gris de la ciudad, del olor a humedad tras el riego de los aspersores frente a la aridez del terreno circundante, constituían el oasis de paz que todo el mundo en la ciudad ansiaba poseer.

- ¿Emily? Perdona, pero es ya está bien, ¿vale? He venido aquí a hacer algo que me gusta, y encima la persona con que he venido no hace más que preguntarme por mi pasado. ¿tienes algo con él? ¿estás interesado en él?… Por favooor, deja de hacerme recordar. Ya lo pasé bastante mal, y ahora lo tengo ahí atras, apenas a unos hoyos de nosotras.

- Ellen tranquila, tú eres mi amiga y he venido a disfrutar del campo contigo, pero yo no tengo nada contra él. Simplemente me ha parecido curioso verlo aquí tan…

- ¡EMILY, CALLATE POR FAVOR! No hagas que me arrepienta de… de… de haberte invitado a jugar conmigo.

- Tu turno, Emily.

- Un segundo que me arregle el pelo Ellen, Michael me está mirando. Juega tu primero.

Falló el golpe, la bola al lago. El golpe... perdido. Para intentar salvarlo, no le quedaría más remedio que recurrir a la técnica de aliviar la jugada dropando. Sin embargo, el gesto de crispación en la cara de Ellen iba más allá de la ira…

Epílogo:

- Hola Detective Hood, me alegro de verlo por aquí. Hace tiempo que no se nada de usted… Hummm… déjeme pensar... desde el caso del tiroteo por el alijo de heroína en los muelles.

-  Si cierto, Clay. Fue hace dos años. ¿Cómo pasa el tiempo?

- ¿Dos años ya? Joder, sí que es cierto. Pero bueno, ¿qué has estado haciendo últimamente?

- Ya sabe, trapicheos de droga, algún caso de estafas de bancarias, pero en general nada destacable. Desde que en el departamento se enteraron de que iba a jubilarme en poco tiempo, apenas me dan nada con chicha. Y francamente, a estas alturas de mi carrera, casi lo agradezco. Ya solo pienso en a qué voy a dedicarme cuando me licencie.

- Claymore, de quien es el cadáver???

- La comisaría perderá un gran detective. Le voy a echar de menos. Ahora entiendo por qué envían a alguien de su reputación para esto. Si, ciertamente este caso no tiene ninguna complicación…

- Cuénteme Murray, ¿qué ha pasado?

- Nada. Para mí que ha sido un accidente desafortunado, pero son personas relevantes, y el club de golf no quiere ver manchada su reputación.

- ¡Yá, entiendo!

- Si, Sr. Hood. Dos niñas pijas jugando al golf, por algún motivo una de ellas empujó a la otra al lago del Hoyo 5. No sé si sabe que esos obstáculos artificiales son trampas mortales. Forman una especie de aljibe con una lona impermeable muy deslizante y, cuando una de ellas se precipitó al foso, no conseguía salir. La otra chica intentó ayudarla a salir sin éxito, así que fue corriendo a la caseta del club. Cuando regresó con la ayuda se la encontraron sin respiración.

- ¿Y los servicios de emergencia?

- Estuvieron intentando reanimarla durante media hora, peeero…

- Joder, vaya putada, Clay.

- Si, una chica joven y tan bonita. Allí en aquel coche de policía junto a la ambulancia tiene esposada a la otra mujer. Desquiciada, llorando como una madalena. Acérquese, intente calmarla y a ver si le cuenta el verdadero motivo del altercado.

- Voy a ver qué puedo hacer, ¡trabajo es trabajo!… Oye… estoy pensando que cuando regresemos a… ¿te apetecen luego unas cervezas en el local cerca de la cochera? El bar de Terry... ¡Ya sabes, las viejas costumbres!

- Encantado Hood, en cuanto rellene el papeleo en la comisaría, nos vemos allí. 

Fin.

   

Es curioso cómo una conversación banal entre amigas va subiendo de tono (“calentándose” como suele decirse) y poco a poco el ambiente de relax va tensándose hasta la tragedia. En general puede llevar a las personas a cometer errores fatales, de los que a veces uno (la protagonista en este caso con ese infructuoso intento de rescate) acaba arrepintiéndose, y desafortunadamente… no suelen tener vuelta atrás. Qué opinan???

Si bien es cierto que la violencia entre los hombres suele ser de índole mecánica, tornándose en la mayoría de los casos en una descarga de rápida de tensión a modo de agresión física, el género femenino, menos propenso a la "mecanicidad", también la ejerce. Suele ser de "grano fino"... y más fino aún si se trata de mujeres de "cierta clase", pero indefectiblemente también ocurre. Sus motivos suelen ser más difíciles de categorizar pero sin duda los rumian... e igualmente acaban resolviéndose con catastróficas consecuencias, como habrán comprobado en este relato.

Este relato está dedicado a tres personas muy especiales. A dos de ellas tengo la fortuna de conocerlas desde hace tiempo, compartimos aficiones y sentimientos. La tercera, un hallazgo reciente, me ha sorprendido por su mordacidad y pragmatismo... un personaje curioso sin duda.

En cualquier caso, aunque no lo parezca, este relato es mi cuarta incursión en la "temática policiaca". De hecho... el epílogo iba a constituir la base del relato, con un "previo" para poner en situación la trama, peeero... como suele ocurrirnos a los que tenemos cierta vena literaria, a veces los relatos se escapan de nuestras manos a pesar de intentar asirlos con fuerza (pero con delicadeza)... como los palos de golf cuando ejecutamos un buen swing.

Si han leído mi post anterior, comprobarán que he cumplido mi promesa y en vez de un artículo técnico, les he agasajado con este curioso relato. Les dejo descansar por ahora, mis queridos lectores. Nos vemos en mi próximo post (espero que más pronto que tarde) o en el campo... de golf.

Un saludo, Damas y Caballeros!!!

P.d.: Siento profunda admiración por el género femenino, y espero que no me tomen por lo que no soy. Por otra parte, no estaría de más que os animaseis a pulsar sobre las estrellitas para votar qué os ha parecido el relato y, sería para mi toda una sorpresa digna de agradecer, dejaseis un comentario pulsando en el enlace azul cerca del título (y luego desplazándose a la zona de input del comentario), gracias.

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27. noviembre 2017 15:05
by Gunner
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Relato: Tunez, de promesas y Lecciones.

27. noviembre 2017 15:05 by Gunner | 0 Comentarios

Acabo de llegar de un nuevo viaje, esta vez a Túnez. Mi intención era descansaaarrr, nada de excursiones, nada de estrés, nada de prisas, nada de tecnología, solo pulserita “todo incluido”, playita y buenas vistas. De verdad, créanme, necesitaba desconectar, pero algunas circunstancias suelen dar al traste con tus planes. En este caso esa circunstancia se llamaba… - bueno… su nombre… eso pertenece a mi intimidad -. Gracias a ella descubrí un país que lo ha pasado mal pero que poco a poco va recuperándose, para disfrute de todos los viajeros y nómadas, que, como ustedes, tienen a bien leerme de nuevo.

Espero que el relato que les presento en esta ocasión - pura ficción - les asuste o les atraiga, pero que al menos les enseñe y les haga descubrir algo que les impulse viajar a ese país en el que el desierto y la naturaleza lo llena todo de una arena tan fina que desliza por la piel como la seda lo hace sobre el rostro de sus bellas mujeres. Un país lleno de gente amable y bellos oasis en mitad de ninguna parte.

Pasen y lean si les apetece:

Promesas y Lecciones:

   

Tenía trece años la primera vez que vi a Ahmed Natseh, “Audi” para los clientes, un pequeño guiá beréber local que, como tantos, acosaba insistentemente a los turistas ofreciendo sus servicios a la menor oportunidad al viajero incauto. Vestía unos tristes pantalones raídos y camiseta de un equipo de fútbol europeo. Era de tez morena, ojos color marrón de mirada vívida, enjuto pero de carnes fuertes y apretadas, pelo corto, sucio y desordenado, de sonrisa fiel y mente rápida como los rayos del sol que nos abrasaban.

- ¿Y porqué te llamas “Audi”? - Le pregunté, suponiendo que era un gran aficionado a los coches occidentales.
- Todos tenemos un nombre parecido, elegimos uno y lo usamos para que nos identifiquéis... Aquel chico de allí, Anwar, se hace llamar “Opel”, a aquel hombre alto, Taymullah, lo conocen por “IBM”... y así casi todos. Nuestros nombres en árabe son difíciles de pronunciar para vosotros, os resulta más fácil recordarnos así.

Lo miré sorprendido – ¡como se manejan estos chicos con los idiomas! – pensé – estoy seguro que si en vez de español hubiese sido alemán, americano, ó francés, me habría entendido igualmente y habría respondido con la misma facilidad sin inmutarse.

Casualidades... y como me hizo gracia su hábil respuesta, sonriendo chamullando su nombre en árabe le dije:

- ¿Sabes que tengo alquilado un Audi en el hotel, “Ajmid”? Si nos ayudas a llegar a unas ruinas a las que queremos ir, cuando terminemos la excursión y volvamos al hotel ademas de tu tarifa, si te apetece, te dejaré conducir un rato el coche. ¿vale?

Le enseñé la instantánea que había tomado unas horas antes en el museo arqueológico de la ciudad. Visitando una de las salas, vi colgado en una de sus paredes una inmensa fotografía de un antiguo palacete imperial que, según el pequeño rotulo informativo que lo acompañaba, se encontraba apenas a 30 kilómetros de la ciudad.

- Precioso – valoré entonces – Que lástima que no esté en el circuito de nuestro recorrido… ¿Y porqué no? – me dije ahora – quizá este chico tan espabilado sepa llevarnos allí...
- Lo reconoció al instante.
- Prometido – Insistí.

Su cara se iluminó, apreciando que a pesar de que los turistas solían limitarse ha hacer uso de sus servicios de guía manera bastante ingrata, todavía quedaba alguno con un mínimo de cortesía hacia ellos. Llevaba años tratando con los extranjeros descarriados que se aventuraban a visitar los restos del Palacio del Rey Negro, un lugar al borde del desierto fuera de la los circuitos habituales, debido ello a que la carretera de acceso atravesaba los barrios más desfavorecidos de la ciudad y el camino que llevaba al recinto serpenteaba estrecha y dificultosamente por resecas laderas de colinas bastante apartadas de la civilización, dificultando el acceso a los abarrotados autobuses que comúnmente empleaban la compañías turísticas; siempre iban a lo fácil para minimizar riesgos y maximizar beneficios.

Intercambiamos un cabeceo de aprobación y nos reímos con complicidad mientras los demás miembros del grupo nos miraban, con caras de extrañados, pensando - ¿De que se reirían estos?

El chico cumplió, nos localizó un taxista de minibus para las 6 personas que formábamos el grupo, y tras negociar astutamente el importe de la ruta de ida y vuelta, en apenas una hora estábamos a las puertas del recinto donde se ubicaba el palacio.

Nos agachamos y me dibujó con sus largos dedos tostados, en la suave arena, la forma que tenía el edificio antes de que el antiguo ejercito de ocupación lo terminara de destrozar con la excusa de que ofendía al islam.

- Era así... alto, cuadrado, formado por grandes sillares de piedra de las canteras cercanas, altas columnas romanas de una sola pieza, – Mientras trazaba las formas levantaba una pequeña nube de polvo – austero por fuera, pero dentro la decoración era una explosión de frescos policromados y textos latinos labrados en las paredes realizados con la maestría de los mejores artesanos y calígrafos de la época en que se construyó. Creo que griega o romana.

Nos incorporamos. Mientras nos acompañaba dando un paseo alrededor de las ruinas, charlamos un poco.

- A juzgar por los restos que quedan y por lo que nos cuentas, debió ser un edificio magnífico, ¿no?
- Si, lo fue, incluso aún conservaba, lleno y en perfecto estado de uso, el aljibe interior de mármol donde decían que su preferida, danzaba y se bañaba desnuda para deleite del emir. Las leyendas afirman que estuvo muy enamorado de su esclava.
- ¿Y que pasó pues?
- Lo fueron expoliando salvajemente, para venderlo y recaudar fondos con los que financiar su estado y su ejército… Aún de vez en cuando alguno se acerca a ver si quedan restos dignos de ser vendidos en el mercado negro.
- Oh, ¡cuanto lo siento! - exclamé, viendo como bajaba a cabeza, apenado por la tropelía perpetrada en nombre de su religión.
- Era nuestro, un auténtico tesoro, y no pudimos hacer nada por impedirlo, ellos tenían sus motivos y nosotros preferimos no tentar la suerte de intentar evitarlo.

Tras rodearlo por última vez y sacar algunas fotos de recuerdo nos dispusimos a marcharnos de vuelta al hotel. Era para nosotros difícil de soportar, y sudábamos bajo un sol abrasador, que nos obligaba a cobijarnos a la sombra de las palmeras y olivos que quedaban en lo que debía haber sido el jardín del palacio.

Llegando al minibus, pasamos junto a una destartalada casucha que hacía las veces de puesto de souvenirs y refrescos para los pocos turistas que las visitaban. Viéndonos francamente acalorados, Ahmed se apiadó de nosotros, nos condujo al puesto y preguntó si queríamos algo para refrescarnos - No se lo pensó, sabía que le agradeceríamos algo de líquido para reponernos de la sudadada.

Se acercó a la mujer que atendía y mantuvo una breve diálogo en árabe con ella, que finalmente escondida tras su jihab nos entregó 5 botellas de agua. Las despachamos con avidez.

Satisfecha nuestra sed le pregunté a “Audi”:

- ¿Cuanto le debemos a la señora debemos por el agua?
- Nada, ya está todo arreglado.
-Pero…
- Nada... algo ha visto en ustedes. La señora dice que “Alá siempre ayuda a quien se lo merece”, así que está todo resuelto.

La miré, contemplé sus cansados ojos verdes, - la zona, ruta de tránsito de antiguas rutas comerciales fue recorrida por mercaderes y nómadas de diversas civilizaciones por lo que supuse que debía tener algún antiguo ascendente griego en su genealogía, pues normalmente en ese país predominaban las mujeres de perfilados, seductores e insondables ojos castaños - y llevando la mano al pecho le agradecí la consideración inclinando ligeramente el torso hacia adelante.

Me devolvió cortésmente el saludo e indicándome, con su mano extendida por encima de mi hombro, que mira hacia atrás, me hizo notar que alguien que se acercaba bajando por el camino.

Se trataba de joven vestido con ropa de corte militar, barba corta prominente y turbante color negro, montado sobre una de esas típicas ruidosas e incombustible motos de procedencia coreana tan comunes en los países árabes. Llevaba encintada al pecho un viejo fusíl AK-47 con aspecto de haber vivido mejores días...

- Ciertamente tiene un aspecto aguerrido - Observé.

Uno de los turistas del grupo, un señor rechoncho de pelo canoso, con pantalones de golf a cuadros, polo de rosa pálido y chanclas de cuero relucientes, sacó, con intención de grabarlo, de su mochila la pequeña cámara de video, con la que había estado machacándonos presuntuosamente por su resolución, prestaciones y exitoso regateo para compra durante todo el circuito por el país.

El joven al verlo pareció molestarse y detuvo la moto, se bajó lentamente de ella, nos encañonó con el AK-47 e imitando con los brazos el retroceso del arma, simuló nuestro ametrallamiento gritando un sonoro “ratatatata” con la boca, haciendo el finalmente el ademan de soplar, como un vaquero, sobre la boca del cañón “humeante”.

Algunos de los nosotros permanecimos incrédulos e inmóviles, otros llegaron a tirarse al suelo para evitar ser alcanzados en el tiroteo…. Ciertamente patético, unos asustados, otros por el suelo y algún que otro pantalón mojado - Menuda panda de turistas asustados pensaría.

El joven musulmán volvió lentamente a subirse en la motocicleta, y sin darnos la espalda, arrancó y se marchó con gesto burlón, seguro de habernos perdonado la vida.

“Audi” se apresuro a ayudar y calmar a los más afectados por el incidente y pronto estábamos en el minibus camino de vuelta a la ciudad.

Le pregunté: - ¿Que sucedió antes, con ese joven militar, Ahmed?

- Llevamos siglos defendiéndonos de ataques, conquistas, conquistadores, sectas y religiones, lo llevamos en la sangre y llevamos haciéndolo desde antes incluso que las religiones existiesen, pero sabemos distinguir lo bueno de lo malo, y sobre todo sabemos defendernos.
- Y vosotros, los occidentales, venís la mayoría a disfrutar de vuestro dinero y presumir de vuestra tecnología, sin daros cuenta que aquí la gente, nuestra gente, sufre y vive una vida real, de penurias y llena de carencias… y eso no nos gusta a muchos.
- Pero nosotros solo venimos a admirar vuestro arte, vuestro pasado, vuestra historia. - Alegué.
- Vosotros… ¿Ese gordo casposo, presumido e indecente solo quería llevarse a su país la imagen de una fiero soldado Muyahidin para presumir delante de sus colegas. ¿Crees que eso es nuestra historia, nuestra cultura? - Preguntó ofendido.

Al escucharlo dejé de verlo como al chavalin que tenía delante y por un momento me pareció ver a un viejo combatiente, cansado de la guerra. Ciertamente en sus condiciones, hasta los más pequeños maduran y envejecen a una velocidad asombrosa.

- ¿Y si por casualidad esas imágenes llegan a las televisiones?… ¿Cómo crees que las interpretarían? Estoy seguro que sabes cómo llegan a manipular la información, ¿os fiáis ciegamente de ellos?… ¿Cómo son capaces de montarla para que parezca el terrorista más sanguinario?
- Hace tiempo que nuestros mayores dejaron de creeros y confiar en vosotros. Ni nos gusta, ni nos va a gustar nunca – Sentenció.

Me quedé callado, sin palabras, y pensando en cuantas veces prejuzgamos a las personas por lo que otros opinan de ellas, o cómo los medios quieren que opinemos de ellas y no por como realmente son. Resulta fácil dejarse llevar por las opiniones de los demás. Pero a veces alguien te da una bofetada y te dice “despierta, que la vida no es una película”.

¡Pero que sea un niño!… me miraba y me hablaba – Es curioso como recuerdo su mirada… cambió como de la noche al día, apretaba los labios y tensaba el ceño cuando enfatizaba acerca de las contradicciones de occidente – pero… era un niño...

Finalmente me guiñó un ojo como para decirme – tranquilo, está todo controlado, tendríais que haberos visto las caras… ja, ja, jaaa... – y nos marchamos.

Llegando al hotel, mientras gesticulaba con la mano despidiéndose de nosotros me dijo:

- Si regresas alguna vez, acuérdate, pregunta por “Audi”, ¡yo nunca olvido una cara! - y se alejó recordándome con mirada ilusionada mi promesa de dejarle conducir el coche.

- … Incluso en un momento dado tuve la intención de cumplir lo que le prometí.

Ahora, años después, desde la comodidad de mi sofá, cuando veo en televisión documentales sobre la Yihad, allí está él. Sobre el trasfondo de duras imágenes, en un recuadro en la esquina superior de la pantalla con su nombre escrito en árabe y subtítulos en castellano alzándose como una de las pocas voces que defienden la interpretación moderada del Corán. Ha madurado sin duda, veo - eso sí - el cansancio en sus ojos, la fatiga de la lucha y la experiencia en las arrugas de su piel, pero al cerrar los ojos y pensar en aquellos días, sigo viendo a ese chico de trece años que me dio una sabia lección, usando la palabra en lugar de las armas.

Fin.

   

Es curioso, amig@s, siempre que viajo llego con ganas de retener todo lo que he visto y vivido, pero solo algunas veces y la intensidad algunas emociones y anécdotas hacen que me atreva a escribirlas y compartirlas con ustedes. Viajen… no paren de viajar… y de camino compártanlo con nosotros.

Un saludo, Damas y/o Caballeros!!!


P.d.: Definitivamente tengo que viajar más, tengo que escribir más!!! Y como siempre, votos y comentarios pulsando en los enlaces anexos, gracias.

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